lunes, 10 de noviembre de 2014

Legion of One

Mi espada esta afilada, mi casco esta preparado y mi bolter descansa en su funda consciente de que hoy sus balas morderan la carne de los enemigos... enemigos, si, esa es la palabra. Mis hermanos de armas, los que siempre lucharon a mi lado, yacen en el suelo por mantener su lealtad y sus ideales, nunca pensaron que los mismos con los que derramaron su sangre serian capaces de traicionarles y masacrarlos.

Mi propio hermano es un traidor, su espada acabo con la vida de nuestro capitán, y esa misma espada es la que ahora busca acabar con mi vida, he borrado el ojo de mi hombrera, hoy es el día que el Lobo vuelva a nacer, aunque sea solo uno.

Antes de morir, mis hermanos rajaron los estandartes del Ojo y pusieron los del Lobo, nuestro capellán murió, así que decidimos hacer las paces con Dios a modo de combate.

Me dirijo hacia la salida de mi refugio, soy el ultimo y pienso demostrar que, mientras uno de nosotros siga en pie, la legión estará viva, solo me apena no poder volver a verla, su voz seria un bálsamo para intentar sobrevivir, pero ahora solo hay guerra.

Los he perseguido durante tres días, acechando entre las sombras y atacando cuando menos se lo esperaban. Solo son cinco, dirigidos por el que tiempo atrás fue mi hermano. No saben quien o que les ataca, pero saben que algo les ataca y estarán preparados, se que me esta esperando, se que esta esperando al lobo.

Cae la noche y ellos se preparan para pasar la noche cerca del río. Su campamento es simple; apenas una trinchera y han encendido una hoguera para iluminar la zona, ilusos. Me acerco sigilosamente hacia en campamento, uno de los guardias se ha quedado dormido, le apuñalo el cuello y arrastro su cuerpo hacia la maleza, apunto a la cabeza de otro con mi pistola y su cuerpo cae dentro de la trinchera, solo quedan tres. Salgo de la oscuridad para enfrentarlos, ya han escuchado el aullido de mi pistola y saben que estoy aqui. Dos hermanos están frente a mi hermano, con las espadas en la mano

Mi hermano no espera a que mate a sus compañeros, el mismo los mata, quiere combatir contra mi él solo, sea pues, no conozco el miedo. Es mucho más rápido de lo que recordaba, apenas puedo parar sus ataques y el detiene los míos con facilidad.Ha logrado quebrar mi casco, pero no mi fe. Mientras nos enfrentamos, me doy cuenta de que ya no es mi hermano, que todo lo que había de bueno en el se ha muerto y que no hay posibilidad de recuperar al hombre que fue, las lagrimas recorren mi rostro mientras sentencio que hoy uno de los dos morirá por la mano del otro.

La pregunta es; quien